El hijo de los propietarios de la conocida churrería de Manolo ‘el municipal’, Alfonso Ramírez, siempre fue un ‘cocinilla’. De casta le viene al galgo. Pero la atípica historia de Obrador Aldamira bien puede tener su origen hace ocho años, cuando la afición de Alfonso le llevó a adquirir un robot de cocina que la televisión popularizó en aquella época. El electrodoméstico llegó acompañado de un libro de recetas. Entre ellas, la de cómo elaborar fácilmente pan al estilo tradicional en casa. Era la ilusión de su vida hecha realidad y, como con todo en lo que se ha embarcado en la vida, Alfonso, se dedicó afanosamente día tras día a perfeccionar su técnica de preparación panadera. Empezó haciendo molletes, producto típico de su localidad natal, Antequera. En pocos meses, tras múltiples pruebas, descubrió que algo tenía que estar haciendo bien cuando familiares y vecinos, no escatimaban en cumplidos. Y fue así cómo pasó de ‘cocinillas’ a ‘panarra’ y centrarse sólo en ese tipo de recetas. La popularidad de sus piezas de pan llegó a ser tal que su popularidad se difundió entre los miembros de un club senderista del que forma parte hasta el punto de que las peticiones trascendieron a las del círculo cercano de familiares y amigos. Fue entonces cuando vio claro que podría profesionalizar su afición y convertir en una actividad empresarial la pasión de su vida.

Tras no pocas dificultades, la idea fue cobrando forma como proyecto económico y urbanístico en el verano de 2018. En la carpeta de la documentación administrativa ya se podía leer Obrador Aldamira. El establecimiento abrió sus puertas el tres de septiembre de 2019 en el local que ocupa en la actualidad su establecimiento principal, en el casco viejo de Antequera, en calle Infante Don Fernando, 9. La ilusión les hizo temer que el proyecto original hubiera sido sobredimensionado. Un obrador de gran tamaño, un local céntrico y un equipo de cinco personas se antojaba un reto empresarial al menos complicado en una localidad de gran tradición de familias panaderas y pasteleras. Aún así, no lo dudó. Abandonó su trabajo de toda la vida como consultor informático y dio el paso. El estudio y el plan de negocio le hicieron detectar un nicho de mercado al que apostó todas sus cartas. Existía una demanda de pan verdaderamente artesano elaborado en base a las genuinas técnicas de fermentación de los hornos de antaño. Y el público respondió acudiendo en masa a su establecimiento desde el primer día. 

Seis meses más tarde llegó la pandemia. De nuevo, la astucia empresarial le hizo tomar la mejor decisión, en vez de recular y redimensionar el negocio optó por ampliar los servicios con el reparto a domicilio. A ello unió poco después la inauguración de su segunda tienda en el antiguo mercado de Abastos de Antequera, lugar que enlazaba perfectamente con el afán de expansión basado en la cercanía y la excelencia gastronómica, propuestas muy valorados entre la clientela del mercado. Así, en plena crisis amplió el personal y las ventas. 

Una empresa joven y un estilo antiguo

La corta pero intensa historia de Obrador Aldamira permite reconocer al maestro obrador un estilo puramente genuino. Para bien o para mal no ha pasado por otras panaderías, con lo que no ha podido acumular experiencia positiva pero tampoco esos vicios que estandariza la producción industrial. Podrá gustar más o menos, pero en Obrador Aldamira se puede presumir de un estilo y sabor propios. 

Pero no todo ha sido una vocación autodidacta. Alcanzar el punto de fermentación, elaboración, formato y sabor adecuados basado en el típico estilo de los hornos antiguos requiere su técnica. Así, el equipo de Obrador Aldamira, encabezado por su maestro obrador, Alfonso, ha participado en multitud de cursos, encuentros y seminarios con afamados maestros panaderos expertos en la elaboración del verdadero plan, el original, el de siempre. Precisamente ese ancestral proceso manual sigue rigiendo la elaboración diaria en el obrador. Sólo el amasado y el horneado se automatiza para agilizar el proceso y dar respuesta a la creciente demanda diaria. Pero la preparación de la masa, el corte y el voleado pieza a pieza se hace a mano.

El nombre, homenaje
a su familia, que lo hizo todo posible

Las iniciales de los nombres de los tres hijos de Alfonso y del primer apellido, puestos en orden creciente (Alfonso, Daniel y Miriam Ramírez), conforman la marca Aldamira. Un guiño a la familia por la que se lo jugó todo con el giro radical que decidió dar a su vida al invertir todos sus ahorros en un proyecto basado en la pasión por el pan y el amor por los suyos. El mismo cariño que ha llevado a buen puerto un proyecto empresarial gracias al afecto también demostrado por cientos de clientes que un día prueban el pan de Aldamira y al siguiente repiten, fidelizados por la calidad y el sabor, pero también por el trato familiar que reciben del personal. 

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